Fui solo el 1 de agosto de 2026, desde São Paulo, a ver Santos-Remo por la ida de los octavos de la Copa do Brasil. Perdí el ómnibus de las 8, saqué otro para las 10 y bajé la Serra do Mar por Cubatão. A las 12 ya estaba en la playa de Gonzaga, en bici. A la tarde, el atardecer desde el hotel y una cerveza en el bar de la torcida, al lado de la cancha. Terminó 0 a 0. Lo bueno fue ver a Neymar en vivo. El domingo, playa, una moqueca y el ómnibus de vuelta.

Santos tiene seis playas en ocho kilómetros de orla, y el jardín que corre entre la arena y la avenida figura en el Guinness como el jardín frontal de playa más largo del mundo (Wikipedia). Yo lo recorrí en bici pública, de Gonzaga a Embaré. Fuera de la cancha fue eso: la playa, el skyline desde el hotel, una moqueca y el ómnibus de vuelta.








